junio 15, 2021

El kilómetro lanzado y la evolución de las técnicas del esquí

Se requieren esquís especiales para superar la barrera de los doscientos km/h (fig. 192). La primera plusmarca oficial se remonta a 1931: la estableció el aus- triaco Leo Gasperl con 136 km/h. De las mejores prestaciones mundiales son, en 1991, la del francés Michael Prufer (221, 413 km/h) y de la finlandesa Tanja Mulari (214, 413 km/h). Las pistas homologadas constan de tres partes: tramo de aceleración, tramo de velocidad y tramo de deceleración. 

El tramo cronometrado por medio de células fotoeléctricas tiene una longitud de 100 metros. Los esquís pueden tener diversos canales en la suela, pueden pesar hasta 11,5 kg y tener una longitud no superior a 240 cm. Las botas son las normales de competición. El diámetro del casco no debe superar los 40 cm. Cada competición consta de al menos cuatro días de pruebas. 

La historia del deporte, en este caso del esquí, siempre ha enseñado que las grandes innovaciones técnicas siempre han venido gracias a los grandes campeones. En efecto, todas las etapas del progreso técnico y de competición han sido de grandes innovadores. de Zeno Colò a Jean-Claude Killy hasta Gustav Thoeni e Ingemar Stenmark, para acabar con Alberto Tomba.

La primera pregunta es: ¿Cómo puede un esquiador, hoy en día, inventar algo nuevo en la era de la supe tecnología? ¿Cómo puede quedar margen para la invención y los recursos humanos? La física y la biomecánica estudian el movimiento humano y codifican la técnica, la forma de alcanzar el punto óptimo. Pero la máquina humana es demasiado compleja para ser comparada con un robot. Por ejemplo, el mundo del atletismo había codificado una técnica perfecta: el salto de altura ventral. Un gran campeón, entonces desconocido, decidió que era mejor supe- rar el listón con la espalda. Nació el Fosboury (de su nombre). En poco tiempo todo el mundo saltaría con la técnica del paso dorsal.

Hace unos años Gustav Thoeni. aprovechando sin duda la innovación de las primeras botas de plástico, inventó el paso de tijera, con lo que logró anticipar el cambio de cantos y adquirir velocidad en lugar de perderla a la salida de la curva, Stenmark perfeccionó la innovación de Gustav: las trayectorias se hacían más verticales y los arcos de curva se acortan. Todo el mundo tratará de copiar a los dos campeones. Parecía que ya no se podía inventar nada. Y llegaron los palos articulados, se trató de pasar cada vez más cerca de ellos pero había algo aún que no funcionaba. Alberto Tomba, aprovechando su gran potencia, revolucionó la forma de esquiar. Tomba logró, más que ningún otro, mantener el peso sobre ambos esquís reduciendo la angulación. 

La transferencia de peso de un esquí al otro y el cambio de cantos es un momento casi imperceptible, una fracción de segundo. El tronco, con una aparente inmovilidad total, abate los palos mientras la total independencia de piernas, el peso centrado y los esquís ligeramente separados hacen el resto. 

Las trayectorias de curva se hacen cada vez más verticales y los radios cada vez más cortos. En este juego de azar el mínimo error resulta fatal: una inclinación excesiva hacia la parte interior de la curva, una súbita irregularidad del terreno y uno queda fuera de la competición. Pero esto es el slalom especial hoy, a la espera del próximo campeón.

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